Sintra esta cerquita de Lisboa, se llega en tren y es bellísima, una villa sacada de un cuento de hadas, encontré este lugar tán especial: Cafe Saudade. Av. Dr. Miguel Lombarda, 6
Siempre me ha parecido curioso calles que están completamente vacías, insípidas, sin un ápice de vida y otras en cambio pegadas a ellas lejos de ser turísticas, tienen algo especial, algo que te hace volver a ellas como si una energía te atrajese hacia ellas, porque más allá de la vida que les pueda dar la ubicación y el comercio, tienen algo especial. Rua da Bica Duarte Belo, es de esas calles que encuentras callejeando y ocurren cosas sea la hora que sea... En el número 14-16 encontré esté rincón y otros muchos...
Una de las cosas que me fascinan de Portugal es el amor que tienen por las cosas hechas a mano, como cuidan el pasado y respetan los oficios de antaño. Esta bellísima tienda es una muestra de ello. Esta en Rua anchieta, 11. (Chiado)
Cual voyeur les observo desde mi ventana, el ir y venir de gentes del mercado, trajinando con cajas y mercancías varias como si de un baile programado se tratase, con la luz temprana de la mañana que todo lo baña, observando sus rutinas para entenderles, para entenderme.
Hay algo en esta ciudad que la hace profundamente entrañable y visceral, algo familiar que te dice que siempre va a ver un momento en el que vas a regresar...
El lujo fue este precioso apartamento en el que nos alejamos, imaginar como tiene que ser vivir allí, descubrir los libros de fotografía de Jean Claude Izzo y entender otra Marsella a través de sus imagenes.
A la luz del día Marsella se transformo en otra, En una ciudad azul, tranquila a la vez que caótica, abierta al mar, azotada por un viento mistral que parecía te iba a llevar a sobrevolar la ciudad. Una ciudad color trigo y olor a jabón, con un encanto decadente. Una ciudad acogedora de gentes amables.